Bebés y gatos

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En casa somos 5, mi chico, mi bebé y dos maravillosas criaturas de cuatro patas que se pasan el día acurrucados en el sofá o pidiendo comida aunque el cacharro haya sido rellenado hace 20 minutos. Son dos gatos adoptados en diferentes años y lugares a los que queremos mucho por eso, sabíamos desde el principio, que la llegada de un bebé no iba a suponer ningún cambio en sus vidas salvo, claro está, el tener que aprender a convivir con él (igual que nos pasaría a nosotros).

Tuvimos que escuchar mil historias, cuentos y leyendas: “Ten presente que los gatos son muy traicioneros”, “Nunca se te ocurra dejar al niño solo con ellos”, “A ver si se van a poner celosos y te van a arañar al niño”, “Ten cuidado, que los gatos le pueden sacar un ojo”… y así, hasta el infinito.

No tuvimos que hacer absolutamente nada para que los gatos tomaran conciencia de que iba a llegar un nuevo miembro a la familia. Cuando montamos la cuna, la gata se la apropió y se quedaba a dormir en ella. Lo mismo ocurrió cuando dejamos el capazo a la vista. Me gustaba que se pusieran a dormir cerca de mi tripa y ronronearan durante el embarazo. Me parecía muy tierno y una buena forma de que el niño los reconociera una vez nacido. Sigue leyendo

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