El ataque de las madres talibanas de la teta

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Imagen: Pixabay

Hace unos días estuve leyendo historias de madres que habían querido dar el pecho pero que, por una razón u otra, no habían podido. Me entristecí bastante porque me di cuenta de que ellas lo habían pasado muy mal, algunas seguían pasándolo mal, y estaban convencidísimas de que, aunque lo habían intentado, la lactancia materna no había sido posible y se resignaban a creer que “no todas las mujeres pueden”.

Como digo, me da mucha pena, porque creo que la mayoría de ellas sí que habrían podido de contar con la información y, sobre todo, con el apoyo necesario. No llego a comprender cómo, en pleno siglo XXI, se sigan escuchando y creyendo frases del tipo: “tenía muchísima leche pero no era nutritiva”, “mi niño estaba amarillo porque mi leche no le alimentaba” o “no todas tenemos leche”. Que sí, ya lo sé, hay casos raros, rarísimos, en los que existe un problema REAL que impida una lactancia materna exitosa, lo que no me entra en la cabeza es que la mayoría de las mujeres tengan temor a ser una de ellas y, lo peor aún, que crean que de verdad no pueden.

Te voy a contar mi caso. Cuando me quedé embarazada me llamaba la atención que las chicas me preguntaran si iba a dar el pecho. Era algo que nunca me había planteado porque, lo veía algo tan natural, que no me paré a pensar dar el biberón. Según transcurrían los meses iba escuchando historias de lactancias maternas frustradas. Sigue leyendo

Pastillas anticonceptivas y lactancia

azaliaUna de las mejores cosas que ocurren cuando das el pecho es que la regla desaparece. Sé que no a todas las mujeres les pasa. Algunas madres suelen volver a tenerla inmediatamente pasada la cuarentena, pero lo habitual es que tarde un poco en volver. En mi caso, fui una mujer feliz que no gastaba en compresas ni tampones hasta los 11 meses de vida del bebé. Es decir, que con la tontería, estuve casi 2 años sin regla (contando los 9 meses de embarazo).

Una vez que la amiga reapareció, no lo hizo de forma controlada. Venía un mes, estaba dos sin aparecer, luego llegaba de nuevo… Un descontrol padre, vamos. Hasta que me decidí por empezar a tomar pastillas anticonceptivas compatibles con la lactancia.

Mi ginecólogo me recomendó Azalia así que, tras pensármelo mucho (no me apetecía tomarme nada por si algo pasaba a través de la leche) opté por comprarlas. Sigue leyendo

Libros para el embarazo: ‘Bebé a bordo’

bebe-a-bordo-ana-garcia-sineriz-ref4367El libro del que voy a escribir hoy fue uno de los primeros que cayeron en mis manos cuando supe que me había quedado embarazada. Sí, entré en la biblioteca y salí de ella con un cargamento de publicaciones sobre la gestación para saber qué iba a pasarme en los siguientes meses.

La verdad es que lo recordaba como un buen libro, ameno y práctico. En definitiva, una de esas obras de ensayo sobre maternidad que me habían gustado. No lo suficiente como para comprármelo, pero sí como para recomendar su lectura. Eso ha sido así hasta que lo he vuelto a sacar y lo he leído nuevamente. O han cambiado el texto (cosa imposible) o mi mentalidad está a años luz de la que tenía cuando quedé encinta (algo más probable y sensato).

A continuación, la ficha técnica y mi opinión tras la segunda lectura. Sigue leyendo

No soy una madre perfecta

supermamaLo siento, pero no, no soy una madre perfecta ni lo llegaré a ser. No me van a dar una medalla por ser la madre del año. Jamás me distinguirán con ningún premio ni seré una madre a imitar. No soy la madre que quise ser y me tengo que perdonar. Es una losa que pesa mucho y debo quitarme.

Cuando eres madre, entras en una vorágine extraña. Tienes a una nueva criatura que depende de ti las 24 horas. No puedes escapar, no puedes cerrar los ojos y poner el pause, no puedes volver a tu vida anterior. Todo cambia. Es un proceso lento e intenso que aún no he terminado de asimilar. En estos momentos, habiendo pasado 19 meses desde que mi bebé llegó al mundo, sigo teniendo la mente en modo centrifugado. No pienso con claridad. Mi mente es un sinfín de ideas inacabadas, datos, dudas y preocupaciones que hay que desfragmentar, ponerlas en orden… Ahora mismo mi vida es todo caos. Y con una cabeza caótica, todo se vuelve caótico. Todo lo que imaginé que iba a hacer o iba a estar haciendo ahora, no existe, no tiene nada que ver. Sigue leyendo