El ataque de las madres talibanas de la teta

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Imagen: Pixabay

Hace unos días estuve leyendo historias de madres que habían querido dar el pecho pero que, por una razón u otra, no habían podido. Me entristecí bastante porque me di cuenta de que ellas lo habían pasado muy mal, algunas seguían pasándolo mal, y estaban convencidísimas de que, aunque lo habían intentado, la lactancia materna no había sido posible y se resignaban a creer que “no todas las mujeres pueden”.

Como digo, me da mucha pena, porque creo que la mayoría de ellas sí que habrían podido de contar con la información y, sobre todo, con el apoyo necesario. No llego a comprender cómo, en pleno siglo XXI, se sigan escuchando y creyendo frases del tipo: “tenía muchísima leche pero no era nutritiva”, “mi niño estaba amarillo porque mi leche no le alimentaba” o “no todas tenemos leche”. Que sí, ya lo sé, hay casos raros, rarísimos, en los que existe un problema REAL que impida una lactancia materna exitosa, lo que no me entra en la cabeza es que la mayoría de las mujeres tengan temor a ser una de ellas y, lo peor aún, que crean que de verdad no pueden.

Te voy a contar mi caso. Cuando me quedé embarazada me llamaba la atención que las chicas me preguntaran si iba a dar el pecho. Era algo que nunca me había planteado porque, lo veía algo tan natural, que no me paré a pensar dar el biberón. Según transcurrían los meses iba escuchando historias de lactancias maternas frustradas. Sigue leyendo

Bebés y gatos

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En casa somos 5, mi chico, mi bebé y dos maravillosas criaturas de cuatro patas que se pasan el día acurrucados en el sofá o pidiendo comida aunque el cacharro haya sido rellenado hace 20 minutos. Son dos gatos adoptados en diferentes años y lugares a los que queremos mucho por eso, sabíamos desde el principio, que la llegada de un bebé no iba a suponer ningún cambio en sus vidas salvo, claro está, el tener que aprender a convivir con él (igual que nos pasaría a nosotros).

Tuvimos que escuchar mil historias, cuentos y leyendas: “Ten presente que los gatos son muy traicioneros”, “Nunca se te ocurra dejar al niño solo con ellos”, “A ver si se van a poner celosos y te van a arañar al niño”, “Ten cuidado, que los gatos le pueden sacar un ojo”… y así, hasta el infinito.

No tuvimos que hacer absolutamente nada para que los gatos tomaran conciencia de que iba a llegar un nuevo miembro a la familia. Cuando montamos la cuna, la gata se la apropió y se quedaba a dormir en ella. Lo mismo ocurrió cuando dejamos el capazo a la vista. Me gustaba que se pusieran a dormir cerca de mi tripa y ronronearan durante el embarazo. Me parecía muy tierno y una buena forma de que el niño los reconociera una vez nacido. Sigue leyendo