Tengo un bebé arcoiris

rainbowPues eso parece. Tengo un bebé arcoiris ¡y yo sin saberlo! Navegando por estas redes he descubierto unos artículos que hablan sobre este tema, en los que se explica que son denominados así aquellas criaturas nacidas inmediatamente después de una pérdida.

Por supuesto, rigor “científico” no tiene ninguno, pero me ha parecido una denominación preciosa. Es una forma “positiva” (si se puede considerar así) de ver el aborto. Tras la pérdida de un bebé, llega al mundo un ser de luz, un ser multicolor que ilumina las vidas de unos padres sumidos en la más absoluta tristeza.

Que viva mi bebé arcoiris y el de todas esas personas que hayan pasado por ese sufrimiento tan atroz. ¡Que vivan estos bebés que nos traen la luz, la alegría y el color! ¡Vivan nuestros niños! ¡Que viva el amor!

Libros para el embarazo: ‘Cosas que nadie te contó antes de tener hijos’

Cuando estás embarazada tienes mucho tiempo para documentarte y empaparte sobre lo que se avecina. ¿Sobre las rabietas y la alimentación complementaria? No, mujer, sobre el proceso de embarazo, el parto y, como mucho, las primeras semanas del recién nacido.

Seamos sinceras, ¿quién no entra en internet a investigar qué es lo que está sucediendo en su cuerpo y en el del bebé a cada instante? (Yo estaba adicta. En un próximo post recomendaré webs y Apps a las que recurría constantemente). Pero más allá de internet, hay un mundo maravilloso de revistas y libros que ilustran, guían y aconsejan.

Hoy comienzo una serie que analiza algunos de los libros para embarazadas que han caído en mis manos y que puedes encontrar en cualquier librería o biblioteca pública.

Por ser más o menos reciente y, según mi criterio, indispensable, doy el pistoletazo de salida con ‘Cosas que nadie te contó antes de tener hijos’, de la periodista Cecilia Jan; un libro totalmente aconsejable para antes, incluso, de quedarte en estado. Sigue leyendo

Embarazo: Lo que no debí comprar para el bebé

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Imagen: Pinterest

Cuando me quedé embarazada, empecé a recorrerme las secciones de puericultura y bebé de todo aquél centro comercial que visitaba y, ¡madre de Dios!, no tenía ni idea de la montaña de trastos que se vendían. ¿Todo eso necesitaba un bebé? Cambiadores (con o sin bañera incorporada), intercomunicadores, hamacas, cuna de viaje, parque-cuna, minicuna, esterilizadores… ¿De verdad iba a tener que llenar mi casa de tanto trasto? ¿Pero cuánto dinero me iba a suponer traer al mundo un bebé! Así que cuando veía a una pareja con retoño (pareja conocida, claro, no a cualquiera que se me cruzara por la calle), lo primero que le pedía era que, por favor, por favor, por favor, me dijera lo que NO había que comprar. No quise centrarme en qué era lo necesario porque, si no, cada uno me diría un listado interminable de cosas y acabaría teniendo que comprar otra casa para meter tanto artilurgio. Prefería hacer listado de “prescindibles”.

Hoy te cuento, bajo mi experiencia, cuáles son aquellos objetos de los que nos arrepentimos de haber adquirido. Aquellos que, en la relación “tiempo de uso y precio” no han salido bien parados. Te advierto de que, quizás, te sorprenda ver algunos artículos en esta lista… Sigue leyendo

A contramarcha: Porque la vida de tu hijo está en juego

unnamedAlguna que otra vez me he quejado sobre lo incompletas que resultan las charlas de la matrona, así como de la escasa o nula información que nos dan acerca de aspectos verdaderamente importantes sobre los cambios que vamos a padecer más allá del parto. Pues bien, una de esas charlas que ahora veo que son tan necesarias como el comer y que nunca tuve son las referentes a las sillas de retención infantil (SRI) o, lo que es lo mismo, las sillas de bebés para el coche.

Cuando fuimos a comprar el carrito del niño optamos por una trío, pues venía el capazo, la sillita de paseo y el grupo cero. En ningún momento me planteé si ese “huevito” era suficiente para llevar a mi niño. Lo veía únicamente como algo que la Dirección General de Tráfico exigía y ya está. No me paré a pensar nada más y en la tienda tampoco es que me contaran nada…

Conforme pasaban los meses, fui adquiriendo un poco más de información, pero fue gracias a una amiga cuando empecé a descubrir que en el universo sillas para el coche había que hacer un máster como para el de portabebés. Es decir, que, aunque estén homologados, no significa que sean buenos.  Sigue leyendo

Bebé ecológico: Pañales biodegradables

Cuando me quedé embarazada tuve muy claro que quería reducir al máximo la huella ecológica de mi bebé. Soy la típica “loca” que pasea por la orilla de la playa recogiendo a su paso bolsas, latas, colillas, botellas y demás desperdicios que los bañistas dejan abandonados tras su maravilloso día de descanso. Amo la naturaleza y tener en mi mente la imagen de montañas y montañas de pañales usados en el vertedero, no me molaba nada.

Justo por esas fechas (9 meses dan para ver mucha tele), me topé con un reportaje de El escarabajo verde que me hizo ver la luz: ¡los pañales de tela existían! Pero no esos pañales que me ponía mi madre con imperdibles y un plástico alrededor. Eran pañales normales, con su forma estándar ya hecha, pero con materiales respetuosos con el medio ambiente, como algodón y bambú.

A mi chico no le entusiasmó mucho esa idea. Sólo pensar en tener que lavarlos tras los regalitos de nuestro hijo, poner y tender lavadoras ya se le hacía cuesta arriba, así que me puse a indagar por otro lado y descubrí los pañales ecológicos, pero sin descartar del todo los otros. No eran de tela pero se desintegran mucho antes que los que todos conocemos. Así que, mientras lo intentaba convencer, decidimos que los primeros días del bebé íbamos a utilizar unos desechables ecofriendly. Más que nada porque no nos íbamos a poner a guardar los pañales sucios durante nuestra estancia en la clínica y por el tema del meconio, que es más engorroso de limpiar.

Miramos páginas y páginas en internet, leímos foros y, finalmente, optamos por comprar éstos: Sigue leyendo

Embarazo: trucos para prevenir las estrías

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Imagen: Pixabay

Soy una de esas afortunadas que, con el embarazo, no vieron aumentar la cantidad de estrías en su cuerpo. Era una de las cuestiones estéticas que más me preocupaban, junto con el aumento de peso y la aparición de hemorroides. Por desgracia, de lo último no pude escaparme, pero de las temibles estrías sí.

No sé si fue pura casualidad pero, por si acaso, quiero compartir contigo aquellas medidas que tomé para que mi cuerpo no se llenara de líneas blanquecinas mientras subía 11 kilos durante los 9 meses de espera. Quizás a ti también te pueda ayudar. Sigue leyendo