El ataque de las madres talibanas de la teta

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Imagen: Pixabay

Hace unos días estuve leyendo historias de madres que habían querido dar el pecho pero que, por una razón u otra, no habían podido. Me entristecí bastante porque me di cuenta de que ellas lo habían pasado muy mal, algunas seguían pasándolo mal, y estaban convencidísimas de que, aunque lo habían intentado, la lactancia materna no había sido posible y se resignaban a creer que “no todas las mujeres pueden”.

Como digo, me da mucha pena, porque creo que la mayoría de ellas sí que habrían podido de contar con la información y, sobre todo, con el apoyo necesario. No llego a comprender cómo, en pleno siglo XXI, se sigan escuchando y creyendo frases del tipo: “tenía muchísima leche pero no era nutritiva”, “mi niño estaba amarillo porque mi leche no le alimentaba” o “no todas tenemos leche”. Que sí, ya lo sé, hay casos raros, rarísimos, en los que existe un problema REAL que impida una lactancia materna exitosa, lo que no me entra en la cabeza es que la mayoría de las mujeres tengan temor a ser una de ellas y, lo peor aún, que crean que de verdad no pueden.

Te voy a contar mi caso. Cuando me quedé embarazada me llamaba la atención que las chicas me preguntaran si iba a dar el pecho. Era algo que nunca me había planteado porque, lo veía algo tan natural, que no me paré a pensar dar el biberón. Según transcurrían los meses iba escuchando historias de lactancias maternas frustradas. Mi propia madre dejó de darme el pecho al mes porque el pediatra le dijo que me sentaba mal. Mi suegra le dio 3 meses al hijo mayor y no más porque “se le fue la leche” y al menor un mes porque tuvo una infección y le vendaron los pechos para que dejara de producir. Conocidas también me decían que la leche se les había ido, otras que no tuvieron la subida, una amiga íntima me comentó que dejó de dar el pecho a los 15 días porque el niño lloraba mucho y su madre le dijo que era que le dejaba con hambre, que su leche no alimentaba  e, incluso, otra me confesó que en el hospital el médico le apretó el pezón y le dijo “señora, usted no tiene leche ni para un cortado”. ¿Qué estaba pasando? ¿El siglo XX dejó a todas las madres secas? ¿Resulta que la mujer es el único animal de la tierra incapaz de alimentar a sus crías? ¿Qué sería de la especie humana si no llega a haber vacas?

Por suerte, empecé a leer y ver vídeos de Carlos González (si no lo conoces y tienes pensado dar el pecho, te lo recomiendo). Su libro “Un regalo para toda la vida” fue para mí, la Biblia. Era como el manual de instrucciones del pecho. Me rodeé de mujeres que habían dado o estaban dando lactancia materna a sus hijos, algunas hasta los 3 años y se me quitaron todas las dudas acerca de si sería o no sería capaz. Me di cuenta de que a partir de los años 70, casi ningún bebé había sido alimentado con pecho que, casualmente, comenzó con la creciente incorporación al mercado laboral de la mujer y con la conquista de su independencia. La mujer no tenía por qué quedarse en casa dando el pecho cuando alguien le podía dar un biberón al niño. Y así, se fue perdiendo el hábito (por así llamarlo).

Pues bien, mi niño nació y a la hora estaba mamando. Me sorprendió que no me doliera. Una matrona vino a la habitación y me ayudó a colocármelo bien. Parecía que era algo sencillo. El niño lloraba, lo ponía al pecho y se dormía. Hasta ahí todo bien, hasta que llegamos a casa. Supongo que por las visitas o por el cansancio, algunas veces me ponía nerviosa el tener al niño pegado al pecho tantísimas veces o, también, que tardaba en darme cuenta de que tenía hambre y cuando me cogía lo hacía con tanta desesperación, que me hacía daño. No llegué a tener grietas, pero me dolía. Intenté corregir la postura, le sacaba el pezón, intentaba que abriera la boca… unas veces me funcionaba y otras no. La subida de la leche también fue brutal, mi marido tuvo que ir de urgencias a por el extractor. Me sacaba un poco y luego ponía al niño al pecho para que cogiera mejor, pero él seguía con su boca de pitiminí. No sabía por qué a veces ponía bien la boca, en forma de pez, pero otras no.

Dar el pecho a demanda era agotador, tener todo el rato los pezones en remojo hacía que me dolieran bastante. Buscaba posturas extrañas para conseguir que no me doliera, me untaba kilos de Purelán, dejaba el pecho al aire todo lo que podía… Era duro, pero quería demostrar que sí se podía.

Cuando a las dos semanas el niño empezó a despertase llorando en mitad de la noche, con un grito ensordecedor y rechazaba mi pecho, me hundí. Pensé que los comentarios que me decían a mi alrededor eran ciertos. Sí, porque mi niño estaba hermosote, ganaba el peso muy bien, pero en la revisión me soltaron “ten en casa un bote de Nestlé, por si se te va la leche”. Mi madre me decía que el niño se pasaba el día pegado a mí porque “a lo mejor lo dejaba con hambre y por eso me pedía tanto”, mi abuela me preguntó que si mi leche era “de calidad”, que me tenía que poner una gota en el dedo y si era transparente significaba que mi leche era agua y no servía…

Pues, como te digo, cuando vi que lloraba tanto y que me rechazaba el pecho una y otra vez, le dije a mi marido que ya no podía más, que lo dejaba, que comprábamos un biberón y le dábamos fórmula. Y gracias que tengo el marido que tengo, que me pidió que me calmara, que descansara, que él se encargaba de tranquilizarle, que al día siguiente íbamos a ver las cosas de otra manera. Menos mal. Me puse a leer como una loca, a preguntar a diestro y a siniestro, y descubrimos que eran cólicos.

Mi niño estaba sano, estaba bastante gordito, activo, nada me llevaba a pensar que estuviera pasando hambre o que no estuviera bien alimentado, pero la falta de información (en este caso sobre los cólicos, porque todo el mundo te dice que si el niño llora es por hambre) y la falta de apoyo de familiares, amigos, conocidos y, lo que es peor, de facultativos médicos, hicieron que mi lactancia se tambaleara.

A los 3 meses tuvimos una crisis de lactancia y, aunque ya había leído sobre ella, el bombardeo constante sobre la calidad de la leche, que si el pecho ya no estaba tan lleno, que a muchas mujeres se les va la leche a los 3 meses, etc, hizo que volviera a tener dudas y, una vez más, ahí estuvo mi marido apoyándome, haciéndome recordar lo que habíamos aprendido en las clases con la doula, poniéndome de nuevo vídeos de Carlos González…

Sé muy bien que, de no ser por mi marido, la lactancia materna no habría llegado ni al mes. Por eso me da tanta pena lo que leo… Madres a las que en los hospitales les dicen que el niño ha perdido peso porque no han tenido la subida de la leche. (TODOS los bebés pierden peso durante la primera semana de nacidos. TODOS), otra diciendo que en la primera visita al pediatra, éste les dijo “vamos a pesar a la niña y así vemos si tu leche sirve o no sirve”, otros “profesionales” que, ante la mínima ocasión, recomiendan una “ayudita” con leche de fórmula sin preguntar a la madre si tiene problemas con el pecho, si tiene grietas, cómo es el agarre del bebé, cada cuánto le da, si usa pezoneras, si se encuentra estresada… No, lo primero que dicen es que des una ayudita y ése ya puede ser el principio del fin de la lactancia materna.

Porque hay tantísimas cosas que pueden influir para que la cosa vaya mal… El uso de chupetes, el de pezoneras, el dar el pecho a unas horas fijas y unos minutos determinados, el no haber visto nunca a nadie dar el pecho y no saber si el que se quede mucho tiempo mamando es normal o no, el que nuestras propias madres no nos hayan amamantado y, por ende, sean incapaces de aconsejarnos sobre el tema, el que el niño tenga frenillo en la lengua, el no saber colocar al bebé en una buena posición, el que no ponga la boca de pez, el dar el pecho “tarde”, cuando el niño ya tiene mucha ansiedad, el haber dado biberones… Son muchas, muchas cosas las que interfieren en una lactancia materna exitosa, pero casi todas terminan llegando a la conclusión de que no todas podemos dar el pecho, de que no todas tenemos leche y de que hay leches que no alimentan. 

¿Por qué los pediatras siguen sin querer actualizarse? ¿Por qué no se leen los libros de Carlos González? ¿Por qué meten ideas arcaicas a las madres? ¿Por qué, como fue mi caso, recomiendan una marca de leche concreta, estando prohibido, y además sin que el niño haya perdido peso ni esté mal?

Y luego, las que hemos pasado por esto, que sabemos que aunque leas y te informes y creas que vas a poder con la lactancia, que tan complicado no puede ser y nos  topamos con la realidad, queremos ayudar a otras madres y se nos tacha de “talibanas de la teta”. He contado mi experiencia en un foro y se me han tirado al cuello. Que si es que les estoy diciendo que no se han querido informar, si les estoy llamando malas madres… ¿Por qué se lo toman como un ataque? Mientras ellas sigan pensando que no han podido, harán que otras madres crean que tampoco van a poder y va a ser un no parar. Hay que acabar de una vez con esas falsas creencias. A mi madre la engañaron, le dijeron que su leche me sentaba mal, hoy sabe que no era verdad, que los bebés criados a pecho tienen unas defecaciones diferentes a los criados a biberón, que no son diarreas, pero por eso no se va a sentir mal, fue lo que le dijo un médico y ella lo creyó. Me retiró el pecho pensando que era lo mejor para mí.

Mi suegra pensaba que a los 3 meses se le fue la leche, ya le hemos explicado que el pecho deja de estar “aparentemente” lleno porque hay una crisis, una regulación, pero que cuanto más te pones al niño al pecho, más leche produces. Y no pasa nada. Cuando dejó de darle el pecho a su hijo, lo hizo convencida de que no tenía leche y no le iba a dejar pasar hambre. Ahora sabe que las cosas son distintas, y no por eso debe sentirse cuestionada, ni señalada como mala madre. Pues, si en tu caso, ves que también te han “engañado”, ¿por qué sentirte mal, si actuaste pensando que hacías lo mejor para tu bebé? ¿Qué hay de malo en obtener información actualizada?

Con este post lo que quiero que comprendas es que dar el pecho no nos resulta sencillo a todas y que los comentarios del exterior, el no haber tenido cerca a alguien que lo haya dado más de 3 meses, nuestro vaivén hormonal y el temor por estar haciendo algo que pueda perjudicar a nuestro bebé, hace que todo sea más complicado. Tener buena información es básico, pero tener el apoyo de la pareja es lo fundamental. Y, sobre todo, no te sientas cuestionada. La que no da el pecho no es mala madre. Yo nunca voy a decir eso. Aunque sepas que el pecho es lo mejor para tu hijo y desde que ves el positivo en el Predictor decidas que vas a dar biberón, NADIE (al menos yo no) te va a decir que eres mala madre, así que espero que este post no sea tomado como un ataque. Es un post que intenta ayudar a desmentir mitos, a que, si de verdad quieres dar el pecho, busques ayuda, te informes mucho e impliques a tu pareja en ello, porque si el papá empieza a dudar…, es muy probable que la cosa no prospere.

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2 comentarios en “El ataque de las madres talibanas de la teta

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