Bebés y gatos

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En casa somos 5, mi chico, mi bebé y dos maravillosas criaturas de cuatro patas que se pasan el día acurrucados en el sofá o pidiendo comida aunque el cacharro haya sido rellenado hace 20 minutos. Son dos gatos adoptados en diferentes años y lugares a los que queremos mucho por eso, sabíamos desde el principio, que la llegada de un bebé no iba a suponer ningún cambio en sus vidas salvo, claro está, el tener que aprender a convivir con él (igual que nos pasaría a nosotros).

Tuvimos que escuchar mil historias, cuentos y leyendas: “Ten presente que los gatos son muy traicioneros”, “Nunca se te ocurra dejar al niño solo con ellos”, “A ver si se van a poner celosos y te van a arañar al niño”, “Ten cuidado, que los gatos le pueden sacar un ojo”… y así, hasta el infinito.

No tuvimos que hacer absolutamente nada para que los gatos tomaran conciencia de que iba a llegar un nuevo miembro a la familia. Cuando montamos la cuna, la gata se la apropió y se quedaba a dormir en ella. Lo mismo ocurrió cuando dejamos el capazo a la vista. Me gustaba que se pusieran a dormir cerca de mi tripa y ronronearan durante el embarazo. Me parecía muy tierno y una buena forma de que el niño los reconociera una vez nacido.

El día que regresamos del hospital, me llamó mucho la atención la forma en la que los gatos se acercaban al bebé. Éste se encontraba en el capazo y los gatos se aproximaron muy lentamente, oliendo, pero ‘en la distancia’. Ponían las patas traseras en el sofá, las delanteras en el capazo y alargaban mucho el cuello para estar a buen recaudo y salir escopeteados si se asustaban de lo que había dentro. Los primeros días e, incluso, me atrevo a decir semanas, fueron así. Sentían curiosidad, pero se mantenían a una distancia prudente. Poco a poco fueron cogiendo confianza y se ponían a dormir cerca de él, pero caminando de manera lenta, como midiendo cada paso para no molestar, comprobando si aquél nuevo ser les iba a atacar o era alguien de fiar.

Mi hijo, por su parte, no les hacía caso (como es evidente y normal en un recién nacido) pero lo que me importaba era que no sentía miedo ni rechazo hacia ellos. Con el paso del tiempo, el niño creció y empezó a desarrollar la curiosidad hacia los felinos. Le encantaba mirarlos, tocarlos y se reía si alguno le olisqueaba con su nariz fría y mojada. Ya cuando empezó a desplazarse, los gatos empezaron a sentir ‘miedo’ de él y salían por patas (nunca mejor dicho) para que no ser pellizcados o perseguidos. ¡Pobrecillos!

Creo que el hecho de tener animales en casa es muy beneficioso para los niños. No me refiero sólo al hecho de que se inmunizan más y tienen menos probabilidades de desarrollar alergias, por ejemplo, sino a que aprenden a quererlos, a respetarlos, a no temerles y a comprobar que su tenencia acarrea una responsabilidad de por vida. Actualmente, a mi niño le encantan los animales. Todos. Le gustan los perros, las palomas, los pájaros, los caballos… Y me hace muchísima gracia cada vez que ve a un gato por la calle o en la televisión, porque empieza a hacer el chasquido con el que llamamos a los nuestros.

En cuanto a la creencia de que los gatos son celosos o “traicioneros” creo que es errónea. Los gatos tienen su propia personalidad, lo que hay que hacer es conocerlos y respetarlos tal y como son. Es absurdo compararles con los perros, porque son muy diferentes, pero no por ello “malos”. El gato no se va a volver celoso, quizás lo que puedes notar es que está más arisco si tu relación con él cambia. En mi caso, lo que ha ocurrido es que el gato está más mimoso, pidiendo más atención (es normal) y la gata ha pasado una época de aislamiento voluntario debido al estrés que le generan las persecuciones infantiles (pero se va recuperando).

Con todo ello quiero decir que me encanta poder darle estas enseñanzas a mi hijo: que a los animales hay que respetarlos y quererlos tal y como son, que hay que tratarles bien y no pellizcarles porque no les gusta y se enfadan, que necesitan cariño y atención, así como comida y limpieza, que nos hacen muchísima compañía y nos hacen felices.

¿Y tú, también crías a tus hijos rodeados de mascotas? ¿Notas que el convivir con un animal le hace quererlos y respetarlos? 

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6 comentarios en “Bebés y gatos

  1. Me encanta!!!! Son relaciones únicas y si las viven desde el nacimiento, para ellos es lo más natural! Ojalá se extienda la idea de que los gatos no son traicioneros, y que pueden ser los mejores amigos de los bebés!!

    gracias por participar!

    • De nada. Me encanta tu iniciativa. A ver si consigo colocar el HTML mañana. Espero que se sumen muchas más personas para que la sociedad deje de tener “miedo” o “reservas” con los animales cuando llega un nuevo ser a casa. Un abrazo!

  2. Nosotros no tenemos animales en casa, con tres niños tengo bastante trabajo jajaja !

    Pero yo no veo ningún inconveniente porque sino son animales peligrosos ¿qué va a pasar?

    Los bebés normalmente no tienen por qué tener miedo a animales sino han tenido una mala experiencia y sino les han metido en la cabeza nada de que son malos o hacen “pupa”. Casi siempre somos los adultos los que les metemos miedo consciente o inconscientemente.

    • Efectivamente, es más bien el miedo de los mayores a que le pase algo al niño lo que puede despertar recelos o temor en los peques. Me da mucha pena el que haya personas que deciden buscar otro hogar a su mascota (en el mejor de los casos) cuando llega un bebé a casa. Tendremos que trabajar para que esos temores dejen de estar presentes.

  3. En nuestro caso también nos intentaron meter “miedo”, pero lo de que le puede sacar un ojo :O me ha dejado sin palabras… El Peque sigue creciendo con el gatito al que adora, el peludín en el fondo también al nene, pero es que el pobre le da unos achuchones…

    • Jajajaja, al final los que más “sufren” son los pobres gatos. Sí, eso de que le van a quitar un ojo está muy arragaido en el pueblo en el que vivo… Pero bueno, lo mejor es hacer oídos sordos o echarse unas risas 🙂 Me alegro muchísimo de que tu niño tenga la suerte de crecer junto a una criaturilla de cuatro patas. Pienso que lo agradecen bastante y hace que sean más empáticos con los otros seres del planeta.

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