Embarazo: Lo que no debí comprar para el bebé

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Imagen: Pinterest

Cuando me quedé embarazada, empecé a recorrerme las secciones de puericultura y bebé de todo aquél centro comercial que visitaba y, ¡madre de Dios!, no tenía ni idea de la montaña de trastos que se vendían. ¿Todo eso necesitaba un bebé? Cambiadores (con o sin bañera incorporada), intercomunicadores, hamacas, cuna de viaje, parque-cuna, minicuna, esterilizadores… ¿De verdad iba a tener que llenar mi casa de tanto trasto? ¿Pero cuánto dinero me iba a suponer traer al mundo un bebé! Así que cuando veía a una pareja con retoño (pareja conocida, claro, no a cualquiera que se me cruzara por la calle), lo primero que le pedía era que, por favor, por favor, por favor, me dijera lo que NO había que comprar. No quise centrarme en qué era lo necesario porque, si no, cada uno me diría un listado interminable de cosas y acabaría teniendo que comprar otra casa para meter tanto artilurgio. Prefería hacer listado de “prescindibles”.

Hoy te cuento, bajo mi experiencia, cuáles son aquellos objetos de los que nos arrepentimos de haber adquirido. Aquellos que, en la relación “tiempo de uso y precio” no han salido bien parados. Te advierto de que, quizás, te sorprenda ver algunos artículos en esta lista…

EL CARRITO TRÍO

Sí, fue la primera compra importante que hicimos. Estaba tan ansiosa por que el embarazo saliera bien tras la primera pérdida, por que todo pasara deprisa que, como mi barriga no cambiaba mucho de tamaño, me apresuré a comprar el carrito como señal de que era verdad, de que un nuevo ser iba a llegar a este mundo. ¿Con cuántos meses lo habré comprado? Yo creo que no llegaba ni a los 4. Y, claro, tanta prisa al final acaba pasando factura, porque no tenía información de prácticamente nada.

El motivo de que ésta no haya sido una buena compra no tiene nada que ver con la marca ni el modelo de la silla, sino por el hecho de haberme dejado los cuartos (que no eran pocos) en una trío; es decir: capazo, grupo 0 para el coche y silla de paseo. Las razones por las que considero inútil esta adquisición son, en primero lugar, que el niño en el capazo fue dos veces contadas. El chiquillo no quería estar más que pegadito a mí así que, cuando no iba en brazos, iba embutidito en la mochila portabebés. En segundo lugar, porque la silla de paseo la encuentro un engorro: subir aceras, esquivar cacas de perro, sortear contenedores de basura, aceras estrechas… y, además, como el niño se acostumbró a ir en la mochila (y, para ser sinceros, a mí también me resulta más cómoda), sólo se usó una vez. Por último, el grupo 0 no le gustaba nada. Lloraba y lloraba cada vez que lo poníamos en él. Era una silla muy básica y la tuvimos que cambiar cerca de los 5 meses a otra más segura. En la tienda nos dijeron que esa silla estaba homologada (cierto) y que cuando ya no cupiera tendríamos que comprar otra a favor de la marcha (error). Por suerte, antes de que eso se produjera, obtuve información sobre las sillas a contramarcha pero, de conocer los datos con anterioridad, nos podríamos haber gastado el dineral del carrito en una buena silla que le durara más tiempo y le sirviera desde el nacimiento.

LA CUNA

Otra de las compras impulsivas de los primeros meses. ¿Quién iba a pensar que un bebé no iba a necesitarla? Es que de cajón: todos los bebés duermen en sus cunas. Es un hecho. Y a los 6 meses ya se pone en su habitación… Ay…, si hubiese esperado un poco… Para ser sincera, la cuna la usamos mucho. A día de hoy se sigue utilizando, pero como extensión a nuestra cama. Desde la primera noche en la clínica, mi niño ha dormido pegadito a mí, en el mismo lecho. Como es una cuna normal y corriente, lo que hemos hecho ha sido quitar un lateral y pegar colchón con colchón. Nosotros descansamos mejor así, porque tiene muchos despertares nocturnos y para volver a conciliar el sueño tiramos de teta.

Al principio, el que durmiera con nosotros era más por una cuestión psicológica. El saber si respira (sí, no es un mito, y también te pasará a ti), el temor a que se sienta solo en esa cuna tan grande, que le sobra espacio por todos los lados, tan lejos de ti y de tu calorcito… Y luego ya, por comodidad si, como es mi caso, das el pecho. Sólo imaginar que tengo que levantarme, cogerle, darle el pecho, dormirle en brazos, dejarlo en la cuna y volver a acostarme cada vez que se despierta me da una pereeeeeeza… ¡Viva el colecho! Ahora, el dinero de la cuna lo habría invertido en una cama más grande, que mi pobre marido duerme en un rinconcito, comprimido cual Zip.

LA HABITACIÓN DEL BEBÉ

¿Pensabas que las compras gordas se acababan con las dos anteriores? ¡Pues no! También cometí el error de comprar la habitación para el bebé. Pero, oye, que a mí no me iban a “timar”, que yo no iba a caer en ese error de primeriza de comprar una habitación con cunita, dosel, cambiador, mecedora y demás…, no, yo compraba la habitación habitación, es decir, la de adolescente. ¡Con dos cojon…s! Una cama nido, un escritorio, una segunda cama por si se viene a dormir un amigo o si tenemos otro niño… ¿Consecuencia? Nos hemos quedado sin un cuarto maravilloso para juegos. Y ahí está, muerta de aburrimiento, como el chiquillo sigue con nosotros… Aunque, bueno, también es verdad que nos ha venido bien para las visitas familiares y para aquellos días que mi chico necesitaba dormir del tirón.

LA HAMACA

Sí, ya sé que la hamaca es uno de los objetos estrella cuando hay un bebé en casa. Son muy útiles para dejar al niño para ir al baño o hacer tus cosas con la tranquilidad de que está atado y no se va a poder escapar de allí. Pero para nosotros no fue nada útil esta compra. El motivo por el que la adquirimos fue por el tema del reflujo. La pediatra nos dijo que para evitarlo, teníamos que tenerlo incorporado al menos 15 minutos después de las tomas. Teniendo en cuenta que el niño tomaba lactancia materna a demanda, que se podía tirar hasta 45 minutos en cada toma, que yo estaba sola y que, a veces, me daban ganas de ir al baño o de comer… (sí, soy rara, tengo necesidades fisiológicas), pues lo de tener que esperar 15 minutos más con el niño cogido no me molaba nada. Así fue que decidimos comprarnos la hamaca. Pero no una hamaca cualquiera. Ya que nos habían dado dinero para comprarle algo al niño, lo íbamos a gastar a los grande. 150 euros en una mega hamaca del carajo del Toy’s r us. Hamaca, columpio y balancín con dos velocidades de vibración y hasta 10 de balanceo. ¿Cómo te quedas? Y allí que lo pusimos, en este invento de última generación, de la mejor tecnología del mercado (al menos, por lo que nos costó, tenía que ser así), esperando a ver la reacción del bebé. Ya me lo imaginaba dando saltos mortales, abrazos  y gritos de alegría… (Que sí, que el muchacho no llegaba a los 6 meses, pero la imaginación tiene mucho poder y yo soy la mar de optimista) y en el momento en el que lo abrochamos… le miramos, él nos mira, le volvemos a mirar…, parece tranquilo… ¡uy, qué bien, qué inventazo! Me imaginación echa a volar, me veo liberada durante un tiempo y… ¡buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! El chiquillo rompe a llorar. ¿Le ponemos vibración, lo remamos? ¡Buaaaaaaaaaaaa! Empieza a ponerse rojo… Lo vamos a tener que hacer… Desabrochamos, lo cojo en brazos y teta.

Probamos en tres ocasiones más. En una se llegó a dormir, en las siguientes;  llantina. El niño no quiere ataduras, es un alma libre y, de no estar suelto en el suelo, su lugar son los brazos de mamá o papá. Así que, 150 euros tirados a la basura y un pedazo de armatoste acumulando polvo en medio del salón.

Estoy segura de que habremos hecho más compras inútiles pero, por el considerable gastadero de dinero que han supuesto, éstas son las que tengo más en mente.

¿Y tú, te arrepientes de alguna compra que hayas realizado para tu bebé? ¿Te han dado buenos consejos para cuidar tu economía o eres de las que tira la casa por la ventana? ¡Cuéntame!

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4 comentarios en “Embarazo: Lo que no debí comprar para el bebé

  1. Pingback: Embarazo: Compras útiles | Baby made in Spain

  2. Hola! Yo quiero portear a mi bebé y mi opción también es la emeybaby desde el principio. La duda que me entra si comprar carro o no, es cuando sales y porteas, donde llevas todo lo necesario para el bebè (pañales, muda…etc..)
    Porque la única duda que me entra es esa para optar por el carro

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