Carta de despedida a mi hijo

abortoUno de los motivos por los que he tardado tanto en retomar el blog  y volver a compartir las experiencias de esta enorme aventura que es la maternidad, ha sido el duro golpe que me llevé a finales del año pasado. Justo cuando estaba pasando por una grave crisis personal, en la que el monstruo de la mala madre tuvo un papel importante, nos enteramos de que una nueva vida se estaba creando dentro de mí. Una vida que llegaba sin planificar y que nos hacía replantearnos 10.000 cosas. Pero unos días después, la historia de mi primer embarazo se repetía, y ese niño dejó de existir muy pronto. Demasiado pronto…

Me costó. Mucho más que el primer aborto. No paraba de darle vueltas a lo que había sucedido, no debaja de llorar y, lo peor, es que no me podía permitir el lujo de pasar el duelo con un niño tan pequeño dependiendo las 24 horas de mí. Por fin, un día, aproveché un instante, me armé de valor y le escribí una carta. Una carta de despedida que hoy quiero compartir contigo. Me sirve como desahogo, pero quizás también sea de ayuda para alguna persona que esté pasando o haya pasado por lo mismo que yo. Porque sabemos que los abortos casi nunca se cuentan y son tan duros…

Ésta es la carta. En estos momentos, te estoy abriendo de par en par mi corazón…

Querido/a hijo/a, como viniste te marchaste. Ya no estás aquí, ya no creces en mi interior, ya no tienes vida… Hace días que lo sabemos, pero no he tenido la ocasión ni las fuerzas necesarias para escribirte una carta de despedida.

Lo siento, me siento culpable y responsable de lo que ha pasado De verdad que lo siento. Siento haber deseado con la cabeza que esto ocurriera. No me veía preparada, no creía que fuera el mejor momento, no tenía ni idea de cómo iba a sobrellevarlo. Me asusté. Me angustié. Me dio mucho miedo y creía que esto era lo mejor, pero mi corazón tenía otros sentimientos opuestos. Mi corazón sí quería que nacieras, se alegraba de que mi niño mayor tuviera pronto un hermano, de que se llevaran justo 2 años, de tener otro hijo con el amor de mi vida, de volver a sentir las pataditas, de volver a ser madre… Y por eso lo he pasado tan mal.

Este aborto ha sido muchísimo más doloroso que el primero, tanto en lo físico como en lo emocional y, por si fuera poco, no he tenido el apoyo de nadie, salvo de tu padre, que ha hecho lo que ha podido.

Por suerte, pudimos verte. Nada más enterarnos de que existías, fuimos al ginecólogo y te vimos. El médico nos dijo que estaría de unas 4 semanas, que eras muy pequeñin y me citó para unas semanas después, a ver si ya podíamos disfrutar del latido. Me quedé un poco descolocada porque, según mis cuentas, deberías de tener más tiempo. Los días siguientes estuve asintomática, ya no me dolían tanto los pezones ni tenía náuseas. Algo me decía que la cosa no iba bien. De vez en cuando sentía dolor en la zona de los ovarios, aunque era algo leve y no le di demasiada importancia. De repente, unos días me vi con un flujo amarillento tirando a marrón y ya empecé a ponerme algo nerviosa, hasta que una mañana vi algo de sangre marrón. Llamé a tu padre al trabajo para que me llevara a Urgencias del hospital. En lo que se quedaba en el parque con tu hermano, un ginecólogo me hizo una ecografía. Para mi sorpresa, seguías estando allí, aunque de nuevo sin latido. Me aconsejó reposo, pero con un bebé de poco más de un año poco reposo podía hacer.

Por la tarde me quedé descansando en la habitación de tu hermano y le dije a tu padre que fuera a por progesterona (dado mi historial) porque estaba sangrando más. Al día siguiente ya sangraba de manera abundante y empezó a doler. 24 horas más tarde acudí a la clínica y ya confirmamos lo que creíamos; ya no estabas.

Como te digo, mi cabeza pensaba que era lo mejor, pero el corazón opinaba de manera diferente. Me quedé muy mal, volviendo a pensar que estoy defectuosa, sin entender por qué esto me tiene que pasar a mí, que de 3 embarazos sólo haya prosperado uno y teniendo amenaza de aborto; sintiéndome mal por haberlo deseado… Además, tu padre estaba tan ilusionado… Y a mí, en el fondo, también me hacía ilusión.

Pues si ya estaba tocada, lo que ha estado pasando durante los días posteriores me ha hundido más. Hubo una mañana en la que viví, sin duda, el mayor dolor que he pasado en la vida. Desde el día del aborto estuve sobrellevando las molestias y los dolores como buenamente podía, teniendo en cuenta que cuido y amamanto a un bebé de poco más de 1 año. Pero esa mañana que te digo, tuve unos dolores brutales. Fueron dos horas de un dolor intenso, de contracciones, de pinchazos, de calambres y de sentir que me acuchillaban y retorcían una y otra vez el cuchillo en mis ovarios. Estuve gritando y llorando de dolor. En la cama, con tu hermano mirándome y sin entender nada. Quería cambiar de postura, retorcerme y muchas veces no podía porque le tenía que dar el pecho, calmarle tras un golpe o cogerle en brazos. Lo pasé fatal. Nunca en mi vida había estado así. Hasta pensé en llamar a una ambulancia, pero no sabía qué hacer entonces con tu hermano. Llamé a tu padre al trabajo, como pude, doblada de dolor. Con un hilo de voz le pedí que viniera a casa, pero le fue imposible. Y así me quedé. Lo pasé yo sola. Fueron las dos o tres horas más horribles de mi vida. Y ¡sola! Con un niño de 15 meses siendo testigo de mi sufrimiento, de mis gritos y de mis lágrimas.

Cuando regresé a la consulta de mi ginecólogo para que mirara si había quedado limpio el útero, me dijo que el dolor es tan fuerte como en un parto porque el cuerpo crea contracciones para expulsar. Preguntado por el motivo que había provocado el aborto, me respondió que por la falta de progesterona (que yo sospechaba) sumado a la lactancia materna. Parece ser que se cuando se amamanta, se genera una hormona llamada prolactina, que es la que hace que no venga la regla y dificulta el embarazo. Así que me recomendó dejar de dar el pecho antes de intentar quedarme embarazada de nuevo.

Bueno, esto en cuanto al dolor físico, pero el emocional también ha sido mayúsculo. A mi sentimiento de culpabilidad y de sentirme defectuosa se suma la reacción de la gente ante la noticia. Por suerte, conté con el apoyo de algunos amigos en la distancia (bendito teléfono y bendito internet), pero por parte del resto sólo encontré una falta de empatía brutal, hasta el punto de tener que escuchar “mejor así” o “eso es lo que pasa con los descuidos”. 

Pues así he estado y me he visto: completamente sola. Necesito llorarte, necesito estar en paz conmigo misma, necesito pensar y perdonarme. Seguro que éste ya es un paso importante; escribirte y contarte lo que ha pasado, lo que he sentido y siento.

Ahora me dan ganas de ponerme al lío y quedarme embarazada otra vez. Darle en los morros a esa persona que ha visto con buenos ojos tu pérdida, volver a crear una nueva vida con tu padre, tener barriguita de embarazada y darle un hermano a esta criaturita diminuta que vive con nosotros. Pero sigue sin ser el momento. Primero hay que destetar y lo veo tan complicado… y, aunque me quede embarazada, no va a ser de ti. Será de otro hijo al que amaré, sin duda, igual que te estaba amando a ti, pero no serás tú y si me quedo embarazada ahora, en parte, sería para buscarte a ti. He de aceptar que ya no estás. Tengo que aceptar que te has ido.

De nuevo, te pido perdón. De verdad que lo siento y me siento fatal por todo esto. Por no alegrarme al ver el positivo, por no celebrar tu llegada, por tener tanto miedo… Lo siento. Me hubiese gustado muchísimo conocerte y ofrecerte un hogar maravilloso y lleno de amor. Me habría encantado verte crecer y notarte dentro de mí.

Perdóname…

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6 comentarios en “Carta de despedida a mi hijo

    • Muchísimas gracias. En esos momentos en los que tienes un chute de hormonas debido a la lactancia, que se suma a la del nuevo embarazo y a la revolución que supone el aborto estás tan sensible, que todo, cualquier cosa, se hace un mundo. Escuchar esos comentarios de gente que, supuestamente, te tiene estima, duelen mucho, pero bueno, oídos sordos a aquellos que no tienen empatía.

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