De clases de preparación al parto, doulas y demás

Esta semana cumplo 31 de gestación. ¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Dentro de nada la criatura estará por aquí, con sus lloros, buches y pañales sucios. Me quedan 9 semanas (en teoría) para “disfrutar” de mis últimos días de “tranquilidad” a solas con mi chico. Por fin me han dado la baja por lumbalgia (me duele la espalda desde los 5 meses) y estoy aprovechando para dormir cuando el calor del verano me deja. Todas las mamis que conozco me recalcan que intente descansar al máximo porque con la llegada del bebé no voy a parar ni un momento, así que yo sigo el consejo a pies juntillas.

Alrededor de la semana 28 comenzaron las clases de preparación al parto, tanto por la Seguridad Social como por el seguro privado. De las dos, me quedo con las de la Seguridad Social. Para empezar, porque las imparte mi matrona, la que me lleva haciendo el seguimiento durante todo el embarazo. Es una chica joven, no llega a los 35, y eso me gusta mucho porque al estar recién salida de la facultad, sus ideas no son tan anticuadas como las de una matrona mayor. Está al día de las novedades, se actualiza y le es más fácil empatizar con pacientes que son de su misma quinta.

empezar-el-curso-de-preparacion-al-parto_articulo_landscapeA estas clases acudimos unas 5 chicas. Al ser por la mañana, no pueden acompañarnos nuestras parejas. (Aprovecho para reivindicar los permisos para los padres. Si yo tengo que acudir al médico o a clases de preparación al parto, tengo derecho a que mi empresa no sólo permita ausentarme del trabajo, sino a cobrar como si hubiera acudido a mi puesto. Sin embargo, los hombres no pueden disfrutar de estos permisos, como si el bebé sólo fuera nuestro. Y no, un bebé es de dos personas, deberían permitirles poder estar con nosotras). Dicho esto…, el cursillo está bastante bien. Nos sentamos en unas sillas como las del insti (con brazo que hace de mesa) y en semicírculo. Hay pelotas de pilates por si alguna, como yo, no aguanta las dos horas  con ese respaldo tan duro.

Nos ha hablado de la lactancia materna, de la importancia del piel con piel y los ejercicios Kegel. Me gusta mucho la forma que tiene de explicar las cosas. Además, nos anima a que intentemos dar el pecho y que porteemos con nuestros niños, pero nunca haciéndonos sentir culpables si nos decantamos por otra opción. También nos habla muy bien del famoso paritorio 8 del Materno Infantil, un paritorio especialmente preparado para el parto natural. Es decir, vaginal, sin epidural y sin posturas impuestas para dar a luz. Todo lo que nos cuenta es muy interesante y tentador. Por ejemplo, en ese paritorio tienes una silla de parto, te puedes poner de cuclillas, puedes dilatar en una bañera con agua caliente… Lo que viene a ser un parto respetado. Pero lo que más me gusta de la matrona es que es sincera y si bien te cuenta las maravillas de ese paritorio, también te cuenta cómo es el personal y el trato en las plantas. No tiene ningún tipo de reparo en reconocer que muchas matronas sueltan frases como “después del gusto viene el disgusto” mientras una parturienta se retuerce de dolor, y otras lindeces varias.

26-DE-NOVIEMBRE_-EPISIOTOMIAPor otra parte, he estado acudiendo a las clases por la seguridad privada. Y digo “he estado acudiendo” porque no pienso volver a ir. A estas charlas van muchísimas más chicas y, al ser por la tarde, casi todas están acompañadas de sus parejas. En la primera reunión, la matrona nos habló de la concepción. Nos puso un vídeo de los 80 en los que se explicaba cómo se realizaba la fecundación y cómo se iba desarrollando el bebé hasta el momento del expulsivo. Hay que tener en cuenta que esta mujer tiene más de 60 años y su mente se ha quedado anclada en los años de La Movida. Ese mismo día empezamos con los famosos ejercicios de respiración. A mí me parecieron un coñazo y demasiado forzados. No creo que en el momento de la contracción empiece a respirar de forma artificial y rápida pero, bueno, eso es lo que pienso ahora, cuando les hable de mi parto ya les diré si las usé o no pero, vamos, que creo que lo mejor para aliviarlas es respirar hondo…

La segunda clase fue la última a la que asistí. A todos los chicos los puso apartados, sentados en unas sillas, mientras que nosotras estábamos en el suelo, en unas colchonetas. Todas las explicaciones iban para nosotras, a ellos los tenía marginados. Y vuelvo a lo de siempre; aunque la que vaya a parir sea yo, me gusta que mi chico se implique, que sepa lo que me va a pasar, lo que voy a sentir y así pueda comprender mis miedos y sepa cómo ayudarme ese día. Apartar a los padres no es lógico. Pues eso fue lo primero que me desagradó. Luego empezamos a hacer ejercicios de respiración y gimnasia para embarazadas, pero esta gimnasia fue al trancazo, nada de movimientos lentos sino: sube la pierna, ahora la bajas, ahora hacemos el gato…, pero todo muy rápido. Mientras hacíamos los ejercicios, los chicos estaban fuera de la clase, no dejó que nos vieran, ya me dirán qué sentido tiene eso… ¿Mi pareja no me puede ver rotando tobillos? No lo entiendo.

Y, para rematar la faena, empezó a hablar de fórceps, ventosas y episiotomías como quien habla de ir a comprar el pan. Dijo que el hecho de que ahora en el Materno no se pongan enemas es una tontería. “Resulta que ahora poner un enema o rasurar es denigrar a la mujer, pues entonces yo la he denigrado muchos años. Eso son boberías. Son modas”. Yo lo que creo es que no respetar que una mujer no quiera ponerse con diarrea momentos antes del parto o no quiera que le afeiten la vulva demuestra la poca empatía que tiene con las parturientas. No es una moda, es mi cuerpo y en él mando yo. Así de simple. Por ello, mi chico y yo hemos decidido  no acudir más. Además, que cada vez que iba salía acojonada pensando en lo que podían hacerme, que yo iba a ser como un Nenuco al que ellos iban a manejar como les diera la gana y yo tendría que estarme calladita porque, qué voy a saber yo. Los profesionales son ellos… ¡Pues no! Y, la verdad, no me hubiera dado cuenta de esta falta de respeto hacia mí como individuo, si no hubiese acudido a las clases de una doula.

plan_de_parto_y_nacimiento_366La doula, ese ser maravilloso que te da confianza en ti misma. Que te recuerda que somos mamíferas, que somos animales, que tenemos instinto y que, llegado el momento, sabremos qué es lo que tenemos que hacer. La doula te recuerda que una perra puede dar a luz a 11 perritos y no se plantea si va a saber empujar cuando llegue el momento, nadie la pone tumbada sobre su espalda para que pueda parir, nadie le hace un corte en la vagina para que sus perros puedan salir. No se plantea, si quiera, si será buena madre. Lo que nos ocurre es que nos hemos olvidado de nuestro lado animal, de nuestro instinto y estamos repletas de dudas y temores. “Escucha a tu cuerpo”, es lo que siempre nos dice. Y tiene razón. ¿De verdad nuestro cuerpo no está preparado para que salga la cabeza de un bebé? ¿La naturaleza nos ha privado del don de poder dilatar lo suficiente como para que el niño salga sin necesidad de que nos corten? ¿No será que los ginecólogos hacen la episiotomía con la finalidad de que la criatura salga antes en lugar de tener paciencia y esperar que todo lleve su curso? ¿En realidad es mejor que utilicen fórceps antes de pedirte que te pongas de cuclillas para que la gravedad haga su trabajo? ¿Realmente es necesario que me pongan oxitocina? ¿No sería mejor dejar que las contracciones vayan llegando cuando tengan que llegar? El parto no es una operación de riñón en el que esté justificado tanto instrumental, de lo contrario, ¿alguien podría explicarme cómo se podía dar a luz a 10 hijos en las casas hace 50 años? ¿Cómo lo hacen las mujeres africanas? ¿Cómo lo hace el resto de mamíferos? No digo que no vayamos al hospital, lo que digo es que no hay por qué convertir en algo de riesgo un acontecimiento que no lo es. Si hay sufrimiento fetal o alguna complicación, sí, que actúen los médicos, pero si todo va estupendamente, ¿por qué acelerar las cosas?

Pues, como digo, con la doula estoy encantada. Ella, al igual que la matrona de la Seguridad Social, nos habla maravillas del paritorio 8 del Materno Infantil, de las ventajas del piel con piel, del colecho y, en definitiva, de la crianza natural. Pero, mira qué irónico, la mayoría de las parejas que acudimos a sus charlas tenemos pensado dar a luz en Santa Catalina. Eso sí, sabiendo que el intervencionismo y la medicalización no tiene mucho sentido en el momento del parto, una llega a la Clínica con las ideas claras de qué es lo que no quiere. Además, nos ha enseñado un plan de parto que podemos presentar en aquél centro por el que hemos optado y consultar si se nos va a tener en cuenta o no.

En la última clase nos estuvo hablando de la placenta. Al parecer hay chicas que se comen la placenta después de dar a luz porque tiene multitud de vitaminas y nutrientes. Yo he descartado esa opción pero, oye, si alguien se anima, les dejo la web donde pueden obtener más información. Y si deciden hacerlo, no piensen que están locas. La mayoría de los mamíferos lo hacen y cada vez más mujeres también.

Cuando vuelva a sacar otro ratín, les pongo más información sobre lo que nos ha enseñado la doula. El curso nos ha costado 110 euros, 6 sesiones, pero veo que está valiendo la pena hacer esa inversión. Si ustedes tienen la oportunidad de acudir a una doula en la ciudad en la que viven, no lo duden, ayuda muchísimo y te da mucha fuerza. La antítesis de lo que me ocurre con las charlas de la privada.

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Un comentario en “De clases de preparación al parto, doulas y demás

  1. Plantéate también que los animales no van a clases de parto ni les enseñan a respirar, y los machos no suelen estar con ellas mientras paren ni les dan la manita… yo he tenido dos hijos y no he ido a ninguna clase y han salido perfectamente. Si somos animales lo somos para todo 😉

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